MUDA
De la misma forma que muchos animales necesitan la muda para cambiar su piel, la mariposa necesita el estado de crisálida para que se pueda llevar a cabo la metamorfosis, el proceso de transformación de larva a mariposa. Carlos Herraiz hace lo mismo con cientos de telas que ha encontrado y recolectado durante los años.
A través de su paso por diferentes ciudades, Herraiz comienza a construir un archivo de textiles de diversa procedencia. Sábanas, manteles, cuadros antiguos, telas manipuladas con procesos de moho, enterradas, retales y restos de ropa devueltos por la marea del mar, decoloradas por el sol, ropa heredada, forman una colección textil en la cual actúan como mementos, o elementos auto- referenciales de cada una de las vivencias en los lugares donde fueron encontradas.
El barrio, las calles, el suelo, han sido sus lugares de juego, exploración y encuentro, para luego en el estudio, tapar, cuidar, proteger, elevar, resignificar el resto encontrado. En ‘Muda’, la tela deja de ser rígida y tensa. Herraiz aborda el material desde su fragilidad y vulnerabilidad,
explorando diferentes dispositivos de instalación de las telas en el espacio, nuevas formas expositivas y nuevos modos de interacción con espectador para crear una experiencia más participativa y sensorial.
Para crear este conjunto de trabajos presentados por primera vez en ‘Muda’, Herraiz reconecta con procesos como el coser, bordar, colgar, juntar, trenzar y enlazar, usándolos a la vez como puente metafórico para tejer lo personal con lo colectivo, uniendo estos cientos de fragmentos para luego cubrirlos, protegerlos; manteniéndolos así en este espacio intermedio de mudas y crisálidas.