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CARLOS HERRAIZ
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VELO

“No descubrir, si amas la libertad, porque mi rostro
es cárcel del amor”. Así se referían los artistas
renacentistas a la costumbre del momento de
tapar las obras con un velo, subrayando el peligro
que enfrentarnos a una imagen puede suponer en
términos de transformación, del entendimiento
de una verdad.
Pese a no haber empleado la técnica nunca de
manera ortodoxa, o a la manera renacentista,
cualquier vistazo a la pintura de Carlos identificará
fácilmente capas y capas de veladuras (técnica
fundamental de la pintura que emplea capas
muy delgadas de pasta de forma que permite
que se “transparente” la capa anterior, y así
sucesivamente). Esta “mirada de la pintura” se
traduce a este collage textil en la superposición
de un velo central que permite transparentar algo
bajo él, como la carne se intuye tras la mampara
de la ducha, como las venas a través de la piel.
La intuición del ver, pero no terminar de ver. La
superficie traslúcida central, generada por un
separador de archivador de plástico amarillo,
actúa como unas cortinas que, precisamente
separan, pero también se entreabren hacia el
“rostro del amor”: un pañuelo rojo opaco.


Texto por Vanesa Peña Alarcón
55 x 45 cm | Textiles y separador de plástico cosidos | 2024

VELO

“No descubrir, si amas la libertad, porque mi rostro
es cárcel del amor”. Así se referían los artistas
renacentistas a la costumbre del momento de
tapar las obras con un velo, subrayando el peligro
que enfrentarnos a una imagen puede suponer en
términos de transformación, del entendimiento
de una verdad.
Pese a no haber empleado la técnica nunca de
manera ortodoxa, o a la manera renacentista,
cualquier vistazo a la pintura de Carlos identificará
fácilmente capas y capas de veladuras (técnica
fundamental de la pintura que emplea capas
muy delgadas de pasta de forma que permite
que se “transparente” la capa anterior, y así
sucesivamente). Esta “mirada de la pintura” se
traduce a este collage textil en la superposición
de un velo central que permite transparentar algo
bajo él, como la carne se intuye tras la mampara
de la ducha, como las venas a través de la piel.
La intuición del ver, pero no terminar de ver. La
superficie traslúcida central, generada por un
separador de archivador de plástico amarillo,
actúa como unas cortinas que, precisamente
separan, pero también se entreabren hacia el
“rostro del amor”: un pañuelo rojo opaco.


Texto por Vanesa Peña Alarcón
55 x 45 cm | Textiles y separador de plástico cosidos | 2024